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Les ofrecemos espacio de lectura calma, donde compartimos reflexiones, experiencias reales y miradas profesionales sobre los desafíos de la crianza.

Sin fórmulas. Sin juicios.

Solo palabras pensadas para acompañarte, informarte y hacerte sentir un poco más acompañada en este camino.

Día de las infancias

¡Hoy queremos compartirles una idea poderosa que resuena mucho con nuestra filosofía de crianza: el concepto de la "seguridad ganada"! Es una mirada profunda sobre cómo construimos vínculos auténticos y respetuosos. 

"Inspirada en las valiosas reflexiones de  Inés Di Bartolo y Maritchu Seitún en su libro 'Apego y Crianza'." capítulo VI

Como madres, padres y quienes acompañamos la infancia sabemos que criar es un camino de prueba y error, de aciertos y aprendizajes constantes. En un mundo donde la sobreinformación de Instagram, llena de mandatos y bajada de línea, a menudo nos abruma y "quema", la idea de "madres/ padres perfectos" es una trampa que nos aleja de la tranquilidad y la conexión. ¡Es un alivio saber que no buscamos la perfección, sino la autenticidad!

A veces, cargamos con nuestras propias historias e inseguridades. Pero aquí reside la magia de la "seguridad ganada": nos permite transformar esas experiencias pasadas en una base sólida para crear un apego seguro y reparador con nuestros hijos hoy. No se trata de borrar el pasado, sino de usarlo para construir un futuro de respeto y confianza mutua.

Pero aquí está lo hermoso: podemos usar esas experiencias, incluso las que nos generaron dudas, para construir una conexión más sólida y profunda con nuestros hijos.

Imagina esto: transformar esas viejas inseguridades en un trampolín para ser padres más presentes, más conscientes. Es permitir que nuestros peques desarrollen un apego seguro, sabiendo que, si algo no salió como esperábamos antes, hoy tenemos la oportunidad de reparar y fortalecer ese vínculo.

El llanto de un bebé en público, el desafío de un niño... ¡Cuántas veces nos juzgamos o nos sentimos juzgados por esas voces internas y externas! Este concepto nos invita a desconfiar de ese ruido constante y a confiar más en nuestra intuición y en la comunicación real con nuestros hijos./as Escuchar sus mensajes, entenderlos desde su mundo, es el corazón de la crianza respetuosa.

Como dicen las autoras,  Inés Di Bartolo e Maritchu Seitún en su libro 'Apego y Crianza' los niños/as, en su inmensa vulnerabilidad, nos piden una comprensión profunda de su entorno. Es un llamado a expandir nuestra sensibilidad y a reconocer la riqueza de su mundo interior.


Texto original que nos inspiró...

El peligro de querer ser padres perfectos.

Criar un hijo es una tarea muy demandante y muy difícil. Mucho es ir probando, equivocándose, y aprendiendo, de los aciertos y de los errores, cómo es entender y cuidar a ese niño, único y distinto de todos. La idea de perfección es peligrosa porque no permite llevar adelante con tranquilidad ese proceso de ensayo y error, de encontrar la propia forma, yendo de a poco. Lleva a los padres a desconfiar de lo que entienden por sí mismos. Interfiere con la comunicación porque en vez de escuchar a ese niño y lo que ese niño necesita se escuchan los mensajes de otros. Ya que, aunque los padres saben que no existe un modelo perfecto de ser padres, en muchas situaciones la sociedad plantea una idea de perfección. Por ejemplo, si un niño comienza a llorar en un lugar público, y la madre no puede calmarlo habrá seguramente alguien mirándola mal, en forma acusatoria, como si el llanto del bebé fuera por un error de la madre, que está haciendo las cosas mal.

"Los padres, y en especial las madres, en un momento de tanta vulnerabilidad como es la crianza de un hijo pequeño, están muy atentos a su entorno. Una mirada poco comprensiva las lleva a desconfiar de sí mismas y del proceso que están haciendo: armar la comunicación y el conocimiento de este bebé. Buscan entonces 'la receta'. Por eso las opiniones y consejos dados desde afuera, insensiblemente, sin delicadeza ('esta chica hace con vos lo que quiere', 'lo estás malcriando', 'tendrías que pasar más tiempo en casa', 'le faltan brazos'), atacan la confianza de una madre o de un padre en sí mismos. Son una crítica velada que encierra el mensaje de 'hay una forma correcta'. Lo cierto es que la mayoría de las veces las recetas no sirven, y aplicarlas interfiere con lo que de verdad es mejor, que es escuchar, empatizar, respetar, tratar de entender y seguir la propia intuición a partir de eso. Cada madre y cada padre se van volviendo expertos en su hijo, y la función de los expertos es ayudar justamente a eso: a que se vuelvan ellos mismos expertos en su hijo."

Los expertos estamos para ampliar la sensibilidad, la capacidad de resonancia, la "biblioteca interior" de cada padre, a partir de la cual la comprensión de ese hijo se vuelve más rica, más atinada y más adecuada. Su mirada se vuelve más profunda, y van descubriendo más y más a su hijo. Encuentran dentro de sí nuevos y mejores recursos. Ampliando esta biblioteca interior de la mano de libros como este o muchos otros, los padres aumentan también su autoconocimiento, su capacidad de empatía y la confianza en sí mismos.

 

Pocos conceptos resultan tan aliviadores como saber que podemos ganar seguridad a pesar de no haberla tenido. Que existe eso llamado seguridad ganada, a través de la cual podemos transformar nuestras inseguridades vinculares, y que esa seguridad ganada nos permite ser mejores padres y ofrecer un ámbito a nuestros hijos en el que ellos sí puedan alcanzar un apego seguro, o que nos permite reparar esa relación en caso de que no lo hayamos logrado antes.

Eso mismo intentamos ofrecerles a nuestros pacientes, a los profesionales que se forman con nosotros, y a través de libros como este, a nuestros lectores. Nuestra tarea profesional durante muchos años como terapeutas, como orientadoras de padres y como autoras de libros sobre las relaciones entre padres e hijos ha sido probablemente en ambas resultado y también proceso de la prosecución de esa seguridad ganada. Fue y es reparador y extraordinario entender que es en parte consecuencia de lo que nos faltó como hijas que podemos ayudar a tantos hijos y a tantos padres.

 Inés Di Bartolo e Maritchu Seitún en su libro "Apego y Crianza".

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¿Por qué es importante el juego en el desarrollo infantil?

El juego es pensado muchas veces como lo contrario a la “responsabilidad”, como algo “poco serio” y exclusivo de una etapa evolutiva. Pero la realidad es que los momentos de juego son ricos a lo largo de las diferentes etapas de la vida. 

Es a través del juego que los niños exploran y procesan el mundo que los rodea, como así también las emociones y sensaciones que este le genera.

Las escenas de juego suelen volverse dramatizaciones de la vida real, donde se asimilan y re elaboran las situaciones difíciles, las frustraciones, los vínculos, formando las bases del desarrollo psicosocial y cognitivo. Brindando recursos internos para poder actuar, pensar o sentir en el mundo exterior, siendo un puente desde la imaginación a la realidad y de la realidad a la imaginación.

Jugando aparece la creatividad, jugando canalizamos la energía, jugando aprendemos y jugando vamos creciendo. 

En la actualidad, vivimos en un mundo repleto de estímulos y mandatos, cada vez se vuelve una necesidad mayor llenar las agendas de actividades y responsabilidades, pero dejamos poco lugar para el juego libre. Entonces vemos chicos terminar el secundario que necesitan imperiosamente tiempo libre, nos preocupa que no saben que estudiar, tememos cuando solo quieren viajar y recorrer el mundo… Quizás sea que necesitan jugar un rato para poder conocerse porque en el afán de prepararlos para la vida adulta, nos olvidamos de la importancia del ocio y el juego libre, de aburrirnos como motor de la creatividad. 

Y quizás también esto nos pasa en la vida adulta, donde necesitamos conectar un poco mas con lo lúdico para conectar con nosotros mismos. 

 

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Llegan las vacaciones de invierno: ¿Y ahora de que nos disfrazamos?

El receso escolar de invierno puede volverse algo abrumador cuando no tenemos la posibilidad de tomarnos unos días de vacaciones junto a nuestros hijos. Y si tenemos la posibilidad de descansar junto a ellos, se nos impone una agenda repleta de actividades. 

¿Sabías por qué se inventó el receso escolar de invierno? El primer motivo tiene que ver con el cuidado de la salud, es decir cortar la cadena de contagios de virus a partir de la inasistencia a la escuela durante el período más frío del año. El segundo motivo es pedagógico, a través del descanso el cerebro tiene la posibilidad de asimilar conocimientos y aprendizajes vividos hasta el momento. 

Siguiendo entonces con estas dos ideas, lo importante para estas semanas es que los niños puedan descansar, hacer cosas diferentes a las habituales, no tener que estar todo el tiempo cumpliendo reglas y horarios, disfrutar en la medida de lo posible del aire libre, la familia y amigos. ¿Y si lo tengo que anotar en una colonia está mal? Para nada, las colonias son espacios recreativos y divertidos, y a veces no tenemos otras opciones de cuidadores; siempre que estemos considerando el bienestar de toda la familia la decisión va a ser la mejor que pudimos tomar. 

No desesperemos, son dos semanas que se viven como se puede! 

 

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